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¡Satélites al rescate!

¡Satélites al rescate!

¡La tecnología nos salva!

La historieta muestra a una niña con botas de senderismo y con una mochila, parada sobre un sendero de montaña; parte del sendero se ha derrumbado. Luce preocupada y escucha un pedido de ayuda de los arbustos que se encuentran debajo de donde ella está. Apenas se asoma una mochila de color rojo en los arbustos.

"¡Auxilio! ¡Auxilio!".

Los gritos venían de la cima de la sierra vecina. Papá y yo nos miramos sorprendidos. ¡Oh, no! ¿Será que...?

"¡Auxilio!".

Corrimos por el estrecho sendero hacia el lugar de donde provenía la voz. Tuvimos que proceder con mucho cuidado. Según Papá, esta era la peor parte del sendero. Estaba cubierta de rocas sueltas.

"Temía que pasara algo así", dijo Papá. "Le dije al niño que no fuera tan rápido y que no se alejara tanto. ¿Me haría caso?".

Los gritos eran cada vez más fuertes hasta que llegamos al lugar donde las rocas sueltas del sendero se habían desmoronado hacia los arbustos.

"Roberto, ¿dónde estás?", preguntó Papá. También intenté llamar a mi tío por su nombre, pero tenía tanto miedo que no pude pronunciar palabra.

"¡Aquí abajo!", se escuchó la respuesta.

Papá me sujetó cuando me incliné para intentar mirar por la cornisa hacia la pronunciada barranca debajo de nosotros.

"¿Dónde? No te veo".

"¡Ey! ¡Aquí abajo! Creo que me fracturé la pierna. En realidad, estoy seguro".

Seguimos con la mirada hasta donde los escombros estaban recién removidos y los arbustos aplanados. Alrededor de 30 pies más abajo, apenas pudimos divisar la mochila de Roberto, de color rojo brillante.

"Creo que te vemos ahí abajo".

"¡Un helicóptero! Papá, ¡dijiste que los celulares no funcionan en las montañas! ¿Cómo lograremos que venga el helicóptero?".

"¡Con esto!", dijo Papá.

"¿Qué vas a hacer, Papá?", le pregunté. "¿Vas a bajar?".

"No creo que sea buena idea. En ese caso, seríamos dos los rescatados".

"¡Aguanta, hermanito!", gritó Papá. Luego se quitó la mochila y empezó a revolver su contenido.

"¿Qué buscas? ¿Una soga?", le pregunté impaciente.

"No. Si se fracturó la pierna, una soga no sirve de nada. Debemos sacar a Roberto de aquí para llevarlo al hospital. Necesitamos algo mucho más grande. Por ejemplo, ¡un helicóptero!".

"¡Un helicóptero! Papá, ¡dijiste que los celulares no funcionan en las montañas! ¿Cómo lograremos que venga el helicóptero?".

Manos que sostienen un transmisor de la baliza de emergencias, del tamaño aproximado de un teléfono inalámbrico.

"¡Con esto!", Papá sacó algo de su mochila. Se trataba de un objeto plástico pequeño de color amarillo, del tamaño de su mano. Claramente no era un teléfono. Abrió la cubierta, extendió una pequeña antena y oprimió un botón.

"¿Perdón? ¿Qué es eso?", le pregunté.

"Mija, esto es una Baliza de ubicación personal. Y me alegra haberla comprado para el viaje".

"¿Y de qué nos servirá?", le pregunté.

"Espera y lo verás", dijo Papá con calma.

Y, por cierto, poco tiempo después, escuchamos un helicóptero que se aproximaba.

El rescate fue fabuloso. El helicóptero nos sobrevoló mientras un hombre se deslizaba hacia abajo en una soga, hasta donde estaba tío Roberto. Colocó al tío Roberto en una canastilla y el helicóptero lo arrió. ¡Luego nos arriaron a nosotros!

Volamos hasta el hospital. ¡Fue mi primer viaje en helicóptero! Curaron la pierna fracturada de mi tío Roberto, que está recuperándose.

"Explorar la naturaleza es maravilloso", dice Papá. "Pero contar con una tecnología como SARSAT cuando estamos en problemas realmente hace que me alegre de vivir en los tiempos modernos".

"Claro, a mí también", dice el tío Roberto.

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